Con el verano y las vacaciones, las rutinas tienden a perderse.
Dormimos horas diferentes en horarios diferentes, nos olvidamos de las responsabilidades laborales y por regla general nos dejamos llevar por un ritmo de vida completamente opuesto al que llevamos durante el año.

La alimentación a lo largo de este período se ve completamente afectada: solemos comer más fuera, comida que no solemos cocinar, cantidades diferentes y sobre todo, con unos intervalos muy inferiores entre unas comidas y las otras. Vamos, que el picoteo nos puede y muchas veces no intentamos ni evitarlo.

Sabiendo todo esto y para evitar arrepentimientos posteriores, lo mejor es intentar al menos hacerse el propósito de unos buenos hábitos durante estos días de descanso.

– Importante la hidratación. Incrementar la ingesta de agua, frutas y hortalizas
– Evitar salsas y fritos y optar por aliños con aceite de oliva
– Si no podemos eliminar las bebidas calóricas, al menos no dejarnos llevar y ser conscientes de lo que estamos consumiendo a diario.
– Moderar la ingesta de comida y realizar comidas sencillas que no nos aporten mucho aporte calórico
– Los helados, sí pero con moderación o incluso realizarlos en casa con ingredientes naturales.
– Y aunque nos dé mucha pereza y estemos totalmente relajados, realizar alguna actividad física para no aumentar peso

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